Zoom. En la primera, en la segunda, en la tercera, en la quinta hora. Después -o en la cuarta, ya que no tuviste zoom- tenés que subir tareas. Ah, luego tendrás que corregirlas y hacerles una devolución que de cuenta de la valoración del proceso de aprendizaje. No tomar asistencia, pero tener registro de cada uno y hacer un seguimiento.
Si no es zoom será otra aplicación, la cuestión es que los docentes estamos atravesados hoy por una infinidad de tareas adicionales que nadie contempla. Pues parece ser, por si no lo sabías amigx docente, que los de nuestro rubro somos los únicos que no fuimos afectados por la cuarentena. Todos los maestros y profesores vivimos en un mundo mágico, sin COVID19, con tecnología de última generación (que nos han provisto, obviamente, nada de ponerla de nuestros bolsillos), conectividad e infinidad de tiempo disponible, sin otra ocupación que dedicarnos a nuestra hermosa vocación: enseñar.
Quizás es momento de aceptar que estamos todos pasando por la misma situación y que no pueden -la sociedad en general, las autoridades educativas y las familias de nuestrxs alumnos y alumnas en particular- seguir haciendo como si a nosotros nada nos pasara, como si fuéramos inmunes.
Dejemos de hacer como si estuviésemos en la escuela, pues no, no lo estamos. Estamos en una pandemia haciendo cuarentena y, aunque no lo crean, los docentes somos humanos que -al igual que el resto- tiene miedos, una familia que necesita de nuestra presencia, seres queridos que se están enfermando, sueldos bajos (en muchos casos recortados) y necesidades físicas, psicológicas y emocionales que están más que nunca a flor de piel.
Empatía, mejor hagamos un esfuerzo por ser empáticos. No reventemos a los chicxs con tareas por miedo a que las familias no paguen la cuota, los pibes también la están pasando mal. Entendamos que los padres y las madres no son maestros ni profes, seguramente aprendieron -si es que tuvieron la oportunidad de estudiar- a hacer multiplicaciones y divisiones de una forma distinta y no tienen ni idea de la Revolución Rusa o como conjugar el verbo to be, en muchos casos no pueden dar una mano a sus hijos e hijas. Familias, no nos pueden reemplazar, así que corten con el discurso de "no voy a pagar la cuota porque estoy haciendo el trabajo de la maestra".
Al menos por unos meses, hasta que termine la pandemia, sería mejor que hiciéramos como si la capacidad de ponernos en el lugar del otro fuera nuestra mayor fortaleza.